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Aquí podréis encontrar el transfondo histórico de nuestra futura acampada
Esta es la historia de Malerian. De su rey y su reinado. Malerian queda situado en sur de un continente donde los bárbaros dominan el norte y los despiadados semielfos, descendientes de los Eldars el este. Con los bárbaros al norte y los cerrados semielfos en el este, los humanos no podían conocer la paz ni alejarse del pillaje, el saqueo y el asesinato. Pero hubo un hombre que unió los retales de campesinos cobardes y de ellos hizo hombres de armas dispuestos a luchar para defender a sus familias. Ese hombre y el puñado de campesinos hastiados de sufrir y morir se alzaron en contra de los bárbaros. Poco a poco, ese hombre y todos los hombres que se unieron a él, expulsaron del sur a todos los bandidos, salvajes y salteadores. Construyeron ciudades amuralladas. Brujos y Magos acudieron a las ciudades para disfrutar de la protección que estas ofrecían a cambio de sus habilidades místicas. Así fue, como poco a poco, victoria tras victoria, ciudad tras ciudad y piedra sobre piedra se construyó el reino de Malerian. Cuando la última batalla fue vencida, cuando la última ciudad fue amurallada, y el último campesino protegido, el pueblo deseó un soberano. Todos los corazones escogieron a Serk. El hombre que inició la revuelta. El hombre que convirtió a todos los hombres en líderes de su destino y amos de sus vidas. Así Serk fue coronado Rey de Malerian.
Serk fundó ordenes de caballería para que los soldados se adiestraran y fuesen capaces de defender todo el territorio reclamado por Malerian. Los lanzadores de conjuros se emplearon como consejeros del reino por su gran cantidad de conocimientos y sus poderes de clarividencia. Los clérigos predicaron la palabra de sus dioses y fundaron hospitales. La magia y la ciencia avanzó, se desarrollaron nuevas tecnologías, y Serk, cansado como estaba de repeler los asaltos bárbaros del norte se dirigió para zanjar el asunto de una vez por todas.
Así los caballeros de Malerian se alzaron en contra de los bárbaros y empezaron ellos la ofensiva. Malerian declaró la guerra a aquellos que habían regado sus campos con la sangre de los inocentes campesinos. La guerra fue dura, cruel y larga. No hubo clemencia. Los caballeros se enfrentaron contra los Guerreros salvajes, los conjuros de los magos se batían con los encantamientos de Shamanes y brujos. Al principio Serk consiguió grandes victorias y expulso a los bárbaros y les arrebató sus tierras, pero la guerra no terminaba.
Serk observó a sus fuerzas. Cada vez se adentraban más en el norte. El enemigo era forzado a replegarse en sus tierras y los caballeros de Malerian combatían lejos de casa, lejos del hogar y los suministros podían empezar a peligrar. El rey comprendió que debía replantear su estrategia. Tras tantas estaciones de guerra, el rey sabía que se enfrentaba a dos grandes culturas bárbaras, los teiganos y los Korax. Los teiganos eran guerreros brutales que basaban su vida en el pillaje y el saqueo, en la violencia y la muerte. Ellos no cultivaban, ellos arrebataban a aquellos que poseían. Serk reconoció que la mayor parte de sanguinarios norteños que llegaron al sur eran teiganos. Era obvio que los teiganos también saqueaban las tierras de los Korax, así que al soberano no le sorprendió descubrir que las dos facciones bárbaras se profesaban un odio racial alimentado durante generaciones de asesinatos y escaramuzas.
Al rey no le costó entrevistarse con el líder tribal de los Korax y realizar un tratado que trajera la paz a los dos pueblos. Al inicio fue un cese de hostilidades, más tarde se iniciaron los intercambios comerciales, y Serk aprendió que sus vecinos Bárbaros eran hombres de honor y que solían respetar su palabra generalmente, bueno todo lo honorable que puede ser un bárbaro. No obstante, la Guerra no había terminado.
La guerra con los Teiganos siguió durante 4 largos y fríos años. Las conquistas de los caballeros eran considerables. En el sur el reino empezaba a sufrir los síntomas de la corrupción, y el Rey supo que debía regresar a casa para que todo lo que él y sus hombres habían construido no se perdiera y se convirtiera en polvo. La suerte sonrió entonces a Malerian. Tras tanto sufrir y tanto morir y matar, el azar miraba en su dirección. Un representante Teigan quería negociar un tratado con los Hombres del sur. Sin duda los Teigan habían sabido de la alianza y el comercio que Malerian mantenía con los Korax, y los teiganos fueron lo suficientemente astutos para darse cuenta que sus rivales de toda la vida les acabarían avanzando y superando si se rodeaban de aliados. Se declaro una tregua.
Tras meses de duras negociaciones y multitud de ocasiones de regresar a una precipitada guerra. Se llegó a un acuerdo. En este existía un pacto de no agresión con ciertos márgenes dada la naturaleza cultural de los Teigan, pero al final Serk se dio por satisfecho y dejando un importante destacamento en el norte y a uno de sus leales hombres al mando del asentamiento fronterizo para vigilar y proteger las tierras de los bárbaros. Con el tiempo esa ciudad también se amuralló.
Cuando Serk regresó al corazón del imperio tuvo de valerse de toda la sutileza y diplomacia adquirida en los tratados con los bárbaros para evitar que su reino se viniera a bajo. Las ordenes de caballería competían con los clérigos y con los magos por el control y el poder, pero con el regreso del rey la situación se estabilizó. El soberano trató de descubrir si había un responsable directo de esas maquinaciones y encontrarlo, pero no fue capaz.
Así pues, llego el día en que Serk, el Hacedor de Malerian, se comprometió en matrimonio a Serena la Bella. De esa unión nació un príncipe Heredero, Halsim. El príncipe poseía la vitalidad de su padre. Fue enseñado para regir el reino, aprendió acerca de política y armas, estudió a sus vecinos del norte. Su cultura y su historia conocida.
Y el crío se hizo muchacho. El muchacho se convirtió en joven, y el joven en hombre. Cuando Halsim cumplió los 17 inviernos los ciudadanos de las provincias más norteñas del reino de Malerian estaban aterrorizados y enojados. Los Teigan habían comenzado una campaña de asaltos a granjas aisladas y pequeñas poblaciones, y siempre secuestraban a los niños. En los años transcurridos los Teigan habían aprovechado el tratado para reunir fuerzas, y ahora sus fechorías volvían a preocupar seriamente a Serk, soberano de Malerian y Rey Libertador. Pese a que los años lo habían tratado bien, Malerian requería de un soberano las 24 horas del día para evitar conspiraciones y maquinaciones entre los caballeros, los magos y el clero. Así Serk escogió enviar a su hijo. Su hijo había sido entrenado con el acero. Era un hombre altivo, de buen porte y un excelente espadachín según sus instructores. 50 hombres fueron asignados al mando del Príncipe Heredero y se preparó para partir hacia las fronteras norteñas.
Muchos consejeros hablaron con el Joven príncipe para compartir su sabiduría, y muchos magos le hicieron entrega de anillos y talismanes de protección, y un sin fin de dones en señal de devoción y obediencia. Finalmente Halsim partió.
Su padre esperaba tener noticias de su hijo en poco más de un mes, pero no fue así. envió exploradores al norte, y ninguno le supo decir cual fue el destino exacto de su hijo. Sólo se supo que se adentró en las tierras Teigan, y que los combatió allí donde los encontró...
Muchas fueron las partidas de búsqueda que Serk envió, pero ni un solo hombre, ni una sola carta llegó para indicar al monarca el paradero de su hijo.
Serk empezó a perder la esperanza en volver a ver a su hijo mayor, pero ahora su esposa volvía a portar vida en sus entrañas, un segundo hijo iba a nacer. El rey tendría un heredero, aunque Halsim no regresara vivo.
Durante los siguientes años sucedió el ocaso del Monarca. Su esposa muy debilitada por el parto de su segundo hijo Rex, estuvo enferma durante varios años antes de fallecer en el lecho de su esposo. Rex fue educado como su hermano, pero no demostró ese vigor que poseía su padre y su hermano, más bien demostró una aptitud natural para los libros, y pronto se convirtió en erudito. Y mientras tanto las noticias del norte se volvían más caóticas. Llegaron rumores que los Korax y los Teigan se habían enzarzado en una guerra fatídica. Los SemiElfos silvanos se aliaron con los Korax durante un tiempo pero entonces los oscuros atacaron con ferocidad a los silvanos. El futuro más allá del imperio de Malerian parecía incierto, pero ello no importaba. Malerian era la luz en esa oscuridad de crueldad. Su mayor tecnología y sus adiestrados soldados defenderían las ciudades amuralladas del imperio.
Pero el tiempo, como suele hacer por costumbre, no se detuvo. Nadie puede evitar que pase, y este transcurre inexorable. En su lecho de muerte, aquejado por más enfermedades de las que los médicos conocían Serk nombró a su hijo Rex, Heredero con plenitud de derechos al trono de Malerian.
Y así fue. Serk, Soberano del imperio y Rey libertador falleció en su lecho, decrépito por la enfermedad y la edad. Grandes fueron los honores que se le rindieron y también grande la ceremonia en la que se le dio sepultura.
Y Rex hijo de Serk gobernó. Los inviernos cayeron con sus nieves y el tiempo transcurrió. Rex seguía enviando exploradores al norte para esclarecer todos los rumores que llegaban de esas tierras, pero los exploradores que más se adentraban lo hacían para no regresar jamás mientras que los que no avanzaban tanto regresaban con nuevos rumores de guerra y matanzas.
Pero aunque nadie lo creía capaz, un día de invierno regresó. El Príncipe Primogénito regresaba a su hogar tras más de 25 años de su partida. Su armadura estaba desgastada, su acero mellado por el uso y su porte endurecido. Su rostro mostraba una mirada cruel y su piel era blanca como la de un cadáver.
Halsim encabezaba un ejercito de más de trescientos hombres y mujeres, mercenarios, bárbaros y algunos orcos y trolls. Se dirigió a aquel que ocupaba el trono de su padre, examinó la sala real y su mirada recorrió uno a uno todos los consejeros y cortesanos de la sala.
-“¿Dónde está mi padre, Serk hacedor de Malerian?”
-“ Serk Soberano de Malerian y Rey Libertador falleció hace 4 inviernos a causa de la vejez y la enfermedad. El pueblo aún le rinde honores.”
“ Tu eres Halsim, el Príncipe primogénito que desapareció. ¿No es así?”
-“ ¿Por que te sientas en el trono de mi padre y ahora mío por derecho de sangre?”
-“ Me sorprendes Hermano. Soy Rex segundo Hijo de Serk y Serena, Convertido en Príncipe heredero por el Rey Serk cuando su ocaso llegaba y el primogénito de su dinastía había desaparecido. Ahora yo soy rey de Malerian por derecho de sangre.”
“Vos no sois más que un cobarde usurpador que no es capaz de defender lo que ansía. Hace años en mi juventud, una cincuentena de hombres me fueron confinados para pacificar las tribus Teiganas más violentas. Las derroté y las conquisté. También conquiste a los primitivos Korax y expulsé a todos los elfos con los que se aliaron. Yo y sólo yo merezco gobernar mi reino. “
Rex no tuvo tiempo de protestar, de gritar a su hermano que era un imbécil por arruinar todos los tratados del pasado. Tuvo el tiempo justo de desenvainar y defenderse de su hermano. Así los hermanos se enzarzaron en una lucha a muerte por el trono.
Los cortesanos y hombres del rey quisieron ayudar a su señor, pero los oficiales e batalla de Halsim se interpusieron. Fue una lucha entre hermanos. Una lucha que estuvo muy lejos de estar igualada, pues Rex no era un digno rival para Halsim. Halsim acabó con su hermano en poco tiempo, y se coronó Rey de Malerian.
Como soberano, Halsim impuso unos tributos abusivos. Militarizó a toda la población. Malerian era la tierra con mayor tecnología. Sabían elaborar complicadas armaduras completas que blindaban a sus soldados, pero Halsim fue más allá. Cada hombre o mujer con más de quince inviernos sería adiestrado para el combate. Los campesinos no tenían para comer, pero sí que tenían armas y armaduras de gran calidad. Las tierras bárbaras bajo dominio de Malerian fueron víctimas del saqueo e impuestos desorbitados. El pueblo sufría hambre. El hambre hacía que los vecinos se robaran lo poco que tenían, los bandidos regresaron y Halsim inició nuevas campañas de conquista para traer riqueza al reino.
Los años pasaron, y la miseria del pueblo impulsó a unos pocos temerarios a realizar reuniones clandestinas para buscar algún tipo de solución a la situación, pero mientras Halsim estuviera en el poder, nada podría cambiar. Uno de los oficiales del Rey, el capitán Marlon también acudió a estas reuniones. Marlon estaba en desacuerdo con la política del rey. Era un viejo caballero formado en la orden que El padre de Halsim creó, y no creía que Halsim hiciera lo correcto. En un inicio, cuando Marlon se esteró de la Resistencia se limitó a ejercer de espía pasándoles información, pero pronto se dio cuento que los campesinos lo veían como a un líder, se dio cuenta que los campesinos necesitaban un líder.
En esas reuniones clandestinas se decidió que Halsim debía morir, y los campesinos hicieron sus planes. Enviaron emisarios al norte para hablar con los Korax, los Teiganos y los Silvanos. La guerra y el pillaje con el rey Halsim había debilitado mucho sus tribus, pero los hombre libres de Malerian prometían devolver las tierras que Halsim les hubiera arrebatado. Así los Korax reunieron su valor y coraje y enviaron soldados para destronar al tirano.
Los vengativos Teiganos también estuvieron de acuerdo en colaborar a cambio de unas pocas cesiones y que se olvidaran ciertas faltas cometidas por los Teigan. Los únicos que no aceptaron fueron los orgullosos silvanos. Estuvieron a punto de recibir al emisario con flechas, pero este al final pudo hablar. Por muy bien que el campesino habló, los silvanos no se involucraron. Desoyeron ruegos y súplicas, pues ellos sólo responden ante la naturaleza y sus bosques.
Finalmente el alzamiento se hizo. Los Teigan y los Korax Habían acudido para matar al tirano. De la niebla aparecieron tropas de elite silvanos, que al final decidieron socorrer a los inferiores humanos, y con gran parte de la deserción de las tropas de Halsim, este se vio encerrado en su fortaleza con sus leales. El asedio se inició. Halsim tenía más leales dispuestos a acudir a la capital en su ayuda, así que la rebelión debía darse prisa. El amanecer del tercer día fue el escogido para la batalla. La ducha sería difícil y era posible que Halsim sobreviviera, pero algo ocurrió al margen de la rebelión.
En el amanecer del tercer día, Los elfos oscuros aparecieron. Estaban dentro de la fortaleza del Tirano, y le habían rebanado la cabeza. Los Oscuros se infiltraron con sigilo en la noche y acabaron con El Soberano del Terror y el Hambre.
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